La cuenta atrás para que Europa proteja su economía en medio de la crisis energética actual está en marcha. El coste de la electricidad en todo el bloque europeo es casi diez veces superior a la media de los últimos diez años, debido a que Rusia ha cortado el suministro de gas natural como represalia a las sanciones. Ha habido un aumento sustancial en la cuota de suministro de gas natural licuado (GNL) y proveedores alternativos, como sustitución directa del cada vez más escaso suministro de gas ruso.

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Los líderes europeos buscar a toda prisa un plan de intervención energética en los mercados eléctricos. Una de las medidas que se barajan es la implantación de un impuesto sobre los beneficios extraordinarios del petróleo y el gas para ayudar a los hogares y a las empresas a superar esta estación de invierno que se avecina. El plan consiste en reconducir estos beneficios inesperados del sector energético para ayudar a los consumidores y empresas nacionales a pagar estas facturas elevadas. El impuesto sobre los beneficios extraordinarios de las compañías petroleras y gas debe tratarse como una “contribución solidaria”, según la presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen.

La imposición de un impuesto sobre las ganancias extraordinarias a aquellos que se benefician de la guerra

Un impuesto sobre los beneficios extraordinarios fijaría una tasa sobre los ingresos generados por las empresas no productoras de gas cuando los precios de mercado superen los 200 euros por megavatio hora (Mwh), y redistribuiría el exceso de ingresos entre las empresas y los hogares vulnerables. Ha habido un mayor consenso entre otros países de la Unión Europea (UE) sobre el impuesto a las plusvalías extraordinarias en comparación con otras partes del plan de cinco puntos de la Comisión Europea (CE).

Esto incluye: establecer un tope al precio por el gas ruso, una reducción obligatoria en la demanda máxima de electricidad, la financiación de las empresas de servicios públicos en dificultades, un impuesto sobre las plusvalías extraordinarias para las compañías de combustibles fósiles y cambios en los requisitos de garantía para las empresas de electricidad. El plan de la CE deberá contar con la aprobación del bloque antes de entrar en vigor. El tema más controvertido sigue siendo el tope de precios a Rusia, que pretende penalizar a Rusia por la militarización de la energía.   

Es necesaria una política energética coordinada pese a las diferencias energéticas entre los países de la UE

Dado que existen grandes diferencias entre los estados miembros en función de aquellos que dependen del carbón, la energía nuclear o las energías renovables, imponer una política de energía única será un desafío. Austria, Hungría y Eslovaquia, conocidos por importar grandes cantidades de gas ruso, están en contra del precio máximo del gas ruso.

Por otro lado, si bien varios países de la UE, incluidos Francia, Italia y Polonia, apoyan un tope, pero sostienen que debería aplicarse a todas las formas de importación del combustible, incluido el GNL. Alemania está indecisa, pero teme que los desacuerdos sobre los límites de precio puedan estropear la unidad de la UE. España, un gran generador de energía eólica y solar, ha criticado rápidamente los 200 euros/Mwh propuestos, ya que no se corresponde con los costes reales y no favorece la electrificación y el despliegue de las energías renovables.

En los EE. UU., varios senadores, incluido el presidente de Finanzas del Senado, Ron Wyden, han propuesto una legislación que duplicaría la tasa impositiva de los beneficios excesivos a las grandes empresas petroleras y de gas. Sin embargo, dado el clima político actual, parece cada vez más improbable que estas propuestas ganen fuerza en el Congreso.

La política energética de Europa puede poner a prueba el gasto de capital a corto plazo

Desde la caída del precio del petróleo entre 2014 y 2016, y en medio de la concienciación sobre el cambio climático y los mandatos ambientales, sociales y de gobernanza (ESG), el sector energético experimentó una fuerte disminución en los gastos de capital (Capex). Desde entonces, el gasto de capital en el sector energético global no ha logrado recuperar los niveles vistos por última vez en el pico de 2014.

Aunque las tendencias de gasto de capital en el sector energético de Europa habían comenzado a superar a las de EE. UU., impulsadas principalmente por un aumento de la proporción del gasto en energía limpia, creemos que es probable que la inminente crisis energética y las políticas sobre el sector energético, incluidos los impuestos nacionales extraordinarios en Europa, desincentiven a medio plazo el gasto de capital en la región en comparación con EE. UU. Los altos precios están alentando a varios países a incrementar la inversión en combustibles fósiles, ya que buscan asegurar y diversificar sus fuentes de suministro.

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Las políticas energéticas divergentes y las situaciones de suministro predominantes en EE. UU. y Europa abren una oportunidad potencial al sector energético. El sector de la energía ha sido el único aspecto positivo de la renta variable mundial en 2022, ya que ha obtenido unos resultados muy satisfactorios en el primer semestre de 2022. A pesar de su sólida rentabilidad de precios, el sector energético de EE. UU. opera con una relación de precio/beneficios (P/E) y una rentabilidad por dividendo del 3%. En septiembre de 2008, el sector energético tenía una ponderación del 12,5% en el S&P 500 y era el cuarto mayor sector por capitalización bursátil en la mayor economía y mercado de valores del mundo. Volviendo al presente, no obstante, el sector energético representa sólo el 4% del índice S&P 500.

Aunque la trayectoria futura parece más ecológica, necesitaremos petróleo y gas para satisfacer nuestras necesidades energéticas. La inversión está aumentando en todos los sectores de la energía, pero el principal impulso en los últimos años ha venido del sector eléctrico, principalmente por las energías renovables y las redes eléctricas, así como del aumento del gasto en la eficiencia del uso final. A medida que Europa planea reducir su dependencia con el suministro de energía ruso, se volverá más dependiente de las importaciones de GNL de EE. UU. Esto debería impulsar una mayor inversión en el sector energético estadounidense durante el proceso.

Como ejemplo de un índice de renta variable de EE. UU. relevante, el WisdomTree US Equity Income UCITS Index ofrece una asignación mucho mayor al sector de la energía (19,8%) en comparación con el índice S&P 500, tal como se destaca en el siguiente cuadro. Esto ha permitido que su rentabilidad sea superior al del índice de referencia S&P 500.

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